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Dirigida a la Adicción,

Me dirijo a ti no con miedo ni con resentimiento, sino con toda la serenidad de la que soy capaz. En lugar de luchar contra ti con desesperación, quiero enfrentarme con la fortaleza interior que proviene de la aceptación y la autodisciplina.

Si alguna cosa he aprendido en esta vida, es que no podemos controlar todas las circunstancias que nos rodean, pero sí podemos controlar nuestras respuestas y actitudes ante ellas. Tú, adicción, te has instalado en mi vida de una forma no deseada, pero he decidido enfrentarte de una forma firme, pues me he quitado el velo que me impedía ver todo lo mucho que me quitabas, e impedían conseguir y ser.

Ya no cederé a tus llamados engañosas y temporales de alivio. Sé que tu presencia es un obstáculo en mi camino hacia la auténtica tranquilidad interior, y es por eso que me propongo superarte con el apoyo de mis seres queridos que son más y mejores que tú, y todo lo que tú me ofrecías.

Aunque no puedo cambiar el hecho de que entraste en mi vida y que siempre caminaré como un trapecista evitando la desgracia, sé que tengo el poder y la voluntad de cambiar mi respuesta hacia ti. Intentaré que no tomes el control sobre mis pensamientos y acciones, nunca más.
A través de la reflexión y la terapia, buscaré comprender nuestra fatídica relación y perdonarme por todo el mal causado a la gente, que sin yo darme cuenta caminaban a mi lado junto a ti arrastrándonos a todos al más profundo de los abismos. La verdad y la autoconciencia serán mis aliadas en este viaje, recordándome constantemente que la verdadera libertad está en el dominio de uno mismo.

No te escribo con hostilidad ni condena, pero si con la mirada hacia atrás y sabiendo que no te voy a poder borrar completamente de mí vida. Me comprometo a vivir de acuerdo con los principios estoicos, encontrando la paz en la aceptación de las cosas que no puedo cambiar y la valentía para cambiar las que sí puedo.

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