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Hubo un científico ruso, Ivan Pavlov, que hizo un experimento famoso con perros. Cada vez que les daba de comer, hacía sonar una campana. Al poco tiempo, con solo oír la campana, los perros empezaban a salivar, incluso sin ver la comida. Habían asociado el sonido con la recompensa.

Nuestro cerebro funciona de una manera sorprendentemente similar. A lo largo de nuestra vida, vamos asociando estímulos (lugares, personas, canciones, olores, incluso pensamientos) con emociones o sensaciones, tanto placenteras como dolorosas. Cuando una adicción se desarrolla, el cerebro crea una red potentísima de asociaciones. El estrés del trabajo, una discusión, una celebración, un lugar concreto, una hora del día… todo queda “marcado” y vinculado al consumo o al hábito destructivo.

Por eso, una persona que está intentando dejar un mal hábito puede sentir un deseo irrefrenable de consumir sin siquiera haber pensado en ello conscientemente. Simplemente ha pasado por “esa” calle, ha recibido “esa” llamada o ha sentido “esa” emoción. No es una falta de voluntad; es un reflejo automático, un «eco» que su cuerpo ha aprendido a generar. Es el mismo mecanismo que hace que un veterano de guerra entre en pánico al oír un ruido fuerte que le recuerda al combate.

La batalla no se libra en la mente, sino en el ambiente

Si entendemos que estos “fantasmas” se activan por estímulos externos e internos, la estrategia para superarlos cambia radicalmente. No se trata solo de “echarle ganas” o de repetirnos “no quiero, no quiero”. Se trata de anticiparse al “reflejo condicionado”. Se trata de cambiar el escenario de la batalla: “el ambiente.”

Neutralizar estos estímulos es la clave, especialmente al principio. Si sé que ciertos lugares, personas o situaciones son “campos de minas” emocionales, mi primer trabajo es evitarlos. Pero, ¿cómo evito mis propios pensamientos o la calle donde vivo? Aquí es donde la cosa se pone interesante. No siempre podemos eliminar el estímulo, pero siempre podemos “neutralizarlo”

La solución es llevar a cabo una organización adaptada a la vida de la persona con la guia de un tratamiento psicológico.

 

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