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El espejismo inicial

¿Alguna vez has sentido que tu mente va más rápido que tu cuerpo? Esa sensación de estar «encendido» incluso al intentar descansar… Al principio, una persona sin adicción tiene objetivos claros, motivación y energía. Su trabajo le rinde, tiene claridad mental para ver lo que va bien y lo que no, y siente satisfacción al final de la jornada. Puede coordinarse, comunicarse con sus seres queridos y se siente entero porque ha descansado, tiene equilibrio y disfruta de su ocio.
Pero, ¿qué pasa cuando entra una adicción? Aparece un «Superman» con aires de grandeza. Una euforia, una superioridad y una exaltación que chupan toda la dopamina y la energía, haciendo que el trabajo se vuelva rutinario y aburrido. Lo que empieza como una «celebración de logros» al final del día, poco a poco, se convierte en el centro de todo.

El descenso a la confusión y la pérdida

¿Cómo se infiltra la adicción en tu trabajo?

Al principio, la adicción parece un empoderamiento. Te engrandece y te da una falsa percepción de dominación. Aunque tu trabajo y tus cualidades empiezan a resentirse, todavía no lo notas. La «mala hierba» empieza a competir con tu vida real. Aún ganas dinero, aún rindes, pero la adicción ya está absorbiendo la energía de tu trabajo.
Llega un punto en que lo absorbe todo. Te genera un lío mental, una rigidez que te impide ver la realidad. Vives con la inercia de una falsa percepción de poder, pero has estado tan evadido que no percibes cómo tu vida se ha ido perjudicando. Y entonces, buscas culpables fuera: los precios, el banco, el virus, el corredor… «¡Es que los bancos son unos hijos de puta!», te dices. La culpa siempre es de otro. Quieres estar en todo, pero en realidad, ya no estás en nada.

Del disfrute al alivio: El cambio en la motivación

La adicción ya no te da disfrute, ni siquiera desahogo. Ahora solo te proporciona alivio de los problemas. Te enganchas por el alivio. Desarrollas paranoia, prepotencia y desorganización. Te desvinculas de tus seres queridos porque el «gustito» que te da la sustancia sustituye la necesidad de conectar con tu hermano o tus amigos. Te aíslas en un mundo de fuegos fatuos, disfrutando en apariencia con otros que también están anestesiados.

El camino de vuelta: Adaptar el trabajo al tratamiento

Para salir, hay que tirar para arriba. Pero la inercia de la prepotencia y la ceguera te hace creer que puedes recuperar el tiempo perdido de inmediato. «El trabajo es lo más importante», piensas, «y el tratamiento es un problema para trabajar». Este es el primer gran error.
La recuperación sigue un proceso estructurado:

Fase 1: Adaptar el trabajo al tratamiento.

  • Concienciación: Debes adaptar tu productividad a tu proceso de desarrollo personal. Esto no es negociable.
  • Eliminar ambientes tóxicos: Lugares, personas, redes sociales… todo lo que esté asociado al consumo debe desaparecer. Si el bar de la cooperativa era tu lugar de consumo, otra persona tendrá que llevar el género. Es un sacrificio necesario.
  • Comprender el impacto: Durante tres meses, con diarios y terapia, debes repasar profundamente cómo la adicción ha afectado tu trabajo, tu economía y tu desarrollo.

Fase 2 : Apertura mental y preparación.

  • Nuevas formas de trabajar: Empiezas a analizar, con ayuda terapéutica, otras formas de trabajar y a explorar nuevas iniciativas.
  • Inventario de mejoras:Te preparas para el futuro, pero sin tomar decisiones precipitadas. El trabajo en casa, la formación o actividades productivas también cuentan como «trabajo».
  • Aceptación y responsabilidad: Se trabaja la valentía y la responsabilidad para organizar y priorizar mejor.

Fase 3: Acción y conexión.

  • Decisiones importantes: Con una base sólida y habiendo trabajado otros aspectos de tu vida, ya puedes tomar decisiones más grandes: preparar oposiciones, ampliar el negocio, etc.
  • Conexión y empatía: Te enfrentas a la opinión de los demás sobre tu trabajo. Aprendes a agradecer y a actuar no solo por ti, sino por tu pareja, tu familia, tus compañeros. Aquí es donde se demuestra el apego y los sentimientos. El alma se abre y empiezas a conectar de verdad.

¿Qué es un trabajo óptimo post-adicción?

El objetivo final es encontrar un «trabajo verdadero». Un trabajo que te sirva a ti, y no al revés. Debe cumplir estas condiciones:

  • Te permite vivir en colaboración con los demás.
  • Te permite evolucionar como persona.
  • No lo realizas con estrés tóxico.
  • Está bien pagado y te permite tomar decisiones.
  • Te deja tiempo para desarrollar el resto de áreas de tu vida.
    Si tu trabajo actual no cumple estas condiciones, no te interesa. Aunque te «guste» desde un idealismo pasado, si no te permite vivir una vida equilibrada, es hora de cambiarlo.

Recuerda: tu mente no estaba fallando. Estaba secuestrada. El camino de vuelta no consiste en recuperar el tiempo perdido a la fuerza, sino en reconstruirte pieza a pieza. Al quitar el monstruo de la adicción, el 50% o 60% del camino se despeja casi solo. Empiezas a ver las cosas con claridad, recuperas la fuerza y el pesimismo se desvanece.
Hacer las cosas bien, con paciencia y humildad, es la clave para que todo lo demás empiece a salir bien. Tu trabajo es una parte importante de tu vida, pero no es toda tu vida. Aprender a integrarlo en un nuevo equilibrio es el verdadero éxito.

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