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Cuando una persona desarrolla una adicción, normalmente no se da cuenta al principio de cómo esta empieza a afectar a su vida. Esto también ocurre con el trabajo. No suele suceder de golpe, sino poco a poco, casi sin que la persona lo perciba.

Muchas personas que hoy están en recuperación recuerdan que al principio pensaban:
“Esto no tiene nada que ver con mi trabajo” o “yo sigo cumpliendo igual”.

Y en realidad, al principio es verdad que el trabajo puede seguir funcionando más o menos bien. Pero con el tiempo la adicción empieza a cambiar la forma en que uno piensa, se organiza y afronta los problemas.

Podemos entender este proceso como cuatro etapas que suelen aparecer con el tiempo.

1. Cuando parece que todo está bajo control

Al principio la persona sigue trabajando con normalidad. Tiene energía, cumple con su trabajo y puede sentirse satisfecha cuando termina la jornada. Incluso puede sentir orgullo por lo que hace.

En esta etapa aparece algo muy común: la recompensa después del trabajo.

Muchas personas empiezan a pensar cosas como:

  • “Después de todo lo que trabajo, me lo merezco”.
  • “Esto es mi forma de desconectar”.
  • “Solo es para relajarme al terminar”.

Aquí el consumo se mezcla con el trabajo como si fuera un premio.
Por ejemplo: beber al terminar la jornada, consumir el fin de semana o celebrar logros laborales consumiendo.

En ese momento parece que no pasa nada. La persona sigue funcionando y cree que tiene el control.

Pero aquí empieza algo importante: poco a poco el placer empieza a moverse del trabajo al consumo.

2. Empiezan a aparecer pequeños cambios

Con el tiempo el trabajo empieza a sentirse diferente.

La persona puede notar cosas como:

  • Menos ganas de trabajar.
  • Más aburrimiento o desgana.
  • Menos interés por mejorar o aprender.

Pero en lugar de relacionarlo con el consumo, la mente busca otras explicaciones. Es muy común pensar:

  • “Estoy cansado”.
  • “Mi trabajo es muy estresante”.
  • “Necesito desconectar más”.

El consumo empieza a verse como una solución. El problema es que sin darse cuenta la persona empieza a funcionar en piloto automático.

Hace lo mínimo necesario. Cumple con lo justo. Ya no hay la misma ilusión ni la misma implicación.

Desde fuera puede parecer que todo sigue igual, pero por dentro algo empieza a desorganizarse.

3. Cuando el trabajo empieza a complicarse

En esta etapa el impacto ya se empieza a notar más.

Aparecen cosas como:

  • Más errores.
  • Dificultad para concentrarse.
  • Problemas para organizarse.
  • Más discusiones o conflictos con compañeros.

El trabajo empieza a sentirse como una carga constante. Es frecuente pensar:

  • “Qué estrés de vida”.
  • “Aquí todo funciona mal”.
  • “El problema es la empresa”.
  • “Mis compañeros no ayudan”.

La persona puede intentar controlar todo o ponerse más rígida para compensar, pero eso suele generar más tensión. En esta fase la productividad baja y las decisiones empiezan a ser peores. Aun así, muchas veces la persona sigue sin ver que el consumo está influyendo.

4. Cuando el trabajo se convierte en supervivencia

En la última etapa el trabajo deja de ser un lugar de crecimiento y se convierte en algo que simplemente hay que aguantar o sobrevivir.

La persona empieza a:

  • Posponer tareas.
  • Evitar responsabilidades.
  • Escaparse de los problemas.
  • Dejar que otros se encarguen.

Todo parece un problema. El cansancio, el pesimismo y la frustración aumentan. Pueden aparecer situaciones como:

  • Bajo rendimiento.
  • Conflictos con compañeros o jefes.
  • Cambios frecuentes de trabajo.
  • Despidos o abandono del empleo.

En este momento muchas personas empiezan a darse cuenta de que algo no está funcionando bien en su vida. Y a veces ese golpe de realidad es lo que abre la puerta al cambio y a la recuperación.

Algo muy importante que entender

Nada de esto ocurre porque una persona sea débil, mala o irresponsable.

La adicción funciona de una manera muy particular: va cambiando poco a poco la forma en que pensamos, sentimos y tomamos decisiones. Por eso muchas personas no se dan cuenta de lo que está pasando hasta que el problema ya ha avanzado bastante.

La buena noticia es que la recuperación también es un proceso, y muchas personas consiguen reconstruir su vida personal y laboral cuando empiezan a entender lo que ha ocurrido.

 

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