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La Ilusión del adicto: ¿Qué te mantiene realmente a flote en tu recuperación?

Imagina que llevas un tiempo a la deriva, en un mar oscuro y agitado. De repente, consigues salir a la superficie. Respiras. El sol te da en la cara y sientes que, por fin, flotas por ti mismo. Te sientes fuerte, renovado, y con alivio. Miras a tu alrededor y piensas: «Lo he conseguido. Soy yo, con mi fuerza de voluntad, el que está logrando respirar».
Esta sensación es muy común en las primeras etapas de un proceso de recuperación, ya sea de una adicción, de una depresión o de cualquier otro problema psicológico. Es una sensación engañosa, pero también puede ser una ilusión peligrosa “la ilusión del náufrago”. La persona que lleva pocos meses en este proceso puede creer que el bienestar del momento, la buena voluntad y los propósitos son suficientes para mantenerse a flote, sin darse cuenta de que hay mucho más sosteniéndolo.

“La base que sostiene el náufrago”

Volvamos a nuestro náufrago. La sensación es que el bienestar se mantendrá de continuo. Que todo ha pasado y que con su nueva conciencia ya esta todo conseguido. Sin embargo, lo que no percibe es que, debajo de la superficie, hay una enorme y compleja estructura que es la que de verdad le impide hundirse. Esa estructura está constituida por factores ajenos a el mismo y que  son temporales. Y no se mantendrán de forma indefinida en el tiempo.


¿Qué piezas forman esa estructura oculta?

  1. El alivio del sufrimiento: Una de las vigas más grandes de esta estructura es el simple alivio. Es como la increíble sensación de quitarse unos zapatos que te han estado torturando todo el día. El placer viene del cese del dolor. Cuando dejas atrás una situación de gran sufrimiento, el simple alivio del dolor se experimenta cómo intensa felicidad, especialmente si vienes de las consecuencias de la adicción en sus ultimas etapas. Pero, como el alivio de los pies descalzos, esa sensación se normaliza y desaparece con el tiempo.
  2. El «contraste positivo»: Este es un concepto psicológico clave. El contraste positivo ocurre cuando pasas de algo muy negativo (tu vida en pleno consumo, una relación tóxica, una ansiedad paralizante) a algo «normal» o menos malo. Esa «normalidad» te parece el paraíso en comparación con el infierno del que vienes. Es como la persona que sale de una relación de maltrato y conoce a alguien que simplemente «no le pega» o «no maltrata». Al principio, esa persona parece un ángel, un salvador. El enamoramiento no es tanto de la persona, sino del alivio que representa. Con el tiempo, cuando el contraste se desvanece (por ejemplo, después de 8 meses), empiezas a ver la realidad con más claridad y tienes que conseguir lo que realmente necesitas.
  3. El apoyo externo: La familia que vuelve a confiar, los amigos que te animan, los compañeros del grupo de terapia que te refuerzan… Todo ese apoyo es como una marea que te empuja hacia arriba. Pero la familia, con el tiempo, se acostumbra a tu nueva situación (igual que te acostumbras a un coche nuevo) y su apoyo se vuelve menos intenso. Los compañeros de grupo también avanzan en sus procesos. Ese refuerzo inicial no dura para siempre.
  4. La ilusión del porvenir: La motivación, la ilusión y el alivio de culpas que sientes al visualizar un futuro libre de problemas, el orgullo por los primeros pasos dados… Son impulsos potentísimos, pero son transitorios. «Porvenir» significa futuro, y aunque estas ilusiones te den un gran empuje inicial, son factores que van a desaparecer, se consumen y se apagan.
    Todo esto —el alivio, el contraste, el apoyo, la ilusión— es lo que te mantiene a flote al principio. Tu fuerza de voluntad, es solo el principio. 

¿Y qué pasa cuando toda esa estructura temporal empieza a desmontarse?

La recuperación no es una foto, es una película

El error es creer que la recuperación es una foto fija: «ya estoy bien, ya floto». En realidad, la recuperación es una película en constante movimiento, una lucha de fuerzas dinámica.
A medida que el tiempo pasa, esas ayudas «coyunturales» se van neutralizando y desapareciendo. El contraste positivo se desvanece. El alivio se normaliza. La familia se relaja. Y es en ese momento cuando el peso de la realidad empieza a notarse. Las viejas costumbres, las antiguas formas de pensar y las inercias de tu vida anterior empiezan a tirar de ti hacia abajo, como un ancla invisible.
Si te has confiado y conformado pensando que flotaras siempre es inevitable el hundimiento por falta de autosostenibilidad o por no encontrarse preparado para enfrentarse a las adversidades (las corrientes marinas , mareas o tormentas de nuestro ejemplo)

Entonces, ¿cuál es la solución? 

Construir tu propia embarcación cuando aún estás a tiempo. 

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