Cuando pensamos en una adicción, es fácil centrar la atención únicamente en el consumo. Sin embargo, sus consecuencias pueden extenderse mucho más allá: afectan a la manera de relacionarse, de reconocer lo que uno siente y de comunicarse con las personas cercanas.
Con el tiempo pueden aparecer silencios, justificaciones, ocultaciones o dificultades para hablar de lo que está ocurriendo. La comunicación se deteriora y, con ella, también puede hacerlo la confianza.
Por eso, recuperar la capacidad de hablar con mayor honestidad sobre lo que sucede, lo que se piensa y lo que se siente puede convertirse en una parte importante del proceso terapéutico.

La dificultad de verbalizar lo que duele
1. Cuando ocultar se convierte en parte del problema
Nadie comienza a consumir pensando que acabará ocultando información a las personas que quiere, sino que habitualmente el proceso es más gradual. Puede comenzar con una justificación: “lo tengo controlado”, después aparecen pequeñas ocultaciones, explicaciones incompletas o intentos de minimizar determinadas situaciones y cuando el problema avanza, la distancia entre lo que ocurre y lo que se cuenta puede hacerse cada vez mayor. No se trata simplemente de etiquetar a la persona como “mentirosa”.
En los problemas de adicción pueden aparecer mecanismos de evitación, minimización o autojustificación que dificultan reconocer plenamente las consecuencias del consumo. Al mismo tiempo, la vergüenza, el miedo al conflicto o el temor a decepcionar a los demás pueden hacer todavía más difícil hablar de lo que está ocurriendo. Poco a poco, la persona puede sentirse desconectada de los demás y también de sí misma, pero la buena noticia es que esta forma de relacionarse puede trabajarse.
2. Recuperar la comunicación también forma parte de la recuperación
Aprender a comunicarse de nuevo no significa empezar contando todo de golpe sino que es un proceso progresivo.
En las primeras etapas puede ser suficiente comenzar por algo aparentemente sencillo: explicar experiencias cotidianas y ponerles palabras:
- “Hoy estaba con unos amigos y me sentí incómodo”.
- “He discutido con mi madre y después me he quedado preocupado”.
- “Me he encontrado con una persona a la que hacía tiempo que no veía y me he alegrado”.
Para alguien que lleva mucho tiempo evitando determinadas emociones, identificar qué ha sucedido y expresar cómo se ha sentido puede suponer un aprendizaje importante. El trabajo terapéutico también puede ayudar a revisar la propia historia: comprender cómo comenzó el problema, cómo fue evolucionando, qué consecuencias tuvo y qué aspectos importantes de la vida fueron quedando desplazados. No se trata de quedarse atrapado en el pasado, sino de comprenderlo para poder actuar de otra manera en el presente.

Revisar el pasado como un mapa, no como una condena
3. De explicar lo que me pasa a volver a relacionarme
A medida que avanza la recuperación, la comunicación puede adquirir nuevas funciones. Ya no se trata únicamente de contar lo ocurrido sino que también implica aprender a pedir ayuda, consultar antes de tomar determinadas decisiones, expresar necesidades, reconocer dificultades y escuchar otros puntos de vista. Progresivamente aparece otro cambio especialmente significativo: recuperar el interés por lo que les ocurre a los demás.
Preguntar “¿cómo estás?” y estar realmente disponible para escuchar la respuesta puede parecer un gesto cotidiano, pero representa algo importante: volver a construir relaciones basadas en la reciprocidad, la empatía y la confianza. La recuperación no consiste únicamente en dejar de consumir, también supone recuperar formas de relacionarse que el problema había ido deteriorando.
4. La agenda de vivencias: aprender a observarse cada día
Una herramienta sencilla que puede utilizarse dentro del trabajo terapéutico es la agenda o registro de vivencias. Al finalizar el día, la persona puede dedicar unos minutos a preguntarse:
- ¿Qué me ha ocurrido hoy?
- ¿Cómo me he sentido?
- ¿Qué situaciones me han generado malestar?
- ¿Qué he hecho ante ellas?
- ¿Hay algo que me haya costado contar o expresar?
- ¿Qué necesitaría comunicar?
No es necesario escribir páginas, lo importante es aprender a detenerse y observar. La repetición de este ejercicio puede favorecer una mayor conciencia emocional y ayudar a identificar situaciones, pensamientos o emociones relacionados con el deseo de consumir. Lo que inicialmente cuesta reconocer empieza a tener un nombre, y aquello que puede reconocerse y expresarse también puede empezar a trabajarse.
Observar sin castigarse
5. Para las familias: escuchar también forma parte del proceso
La recuperación también afecta a las personas cercanas. Después de meses o años de preocupación, conflictos, promesas incumplidas o pérdida de confianza, es comprensible que una familia no pueda recuperar la normalidad de un día para otro. La confianza necesita tiempo y experiencias repetidas que permitan reconstruirla.
Cuando una persona comienza a expresar lo que piensa o siente, puede ser más útil escuchar que apresurarse a corregir, completar o interpretar sus palabras. Eso no significa aceptar cualquier comportamiento ni renunciar a establecer límites. Acompañar también implica aprender a comunicar las propias necesidades, expresar cómo nos afectan determinadas situaciones y establecer límites saludables cuando sean necesarios. La comunicación puede empezar así a dejar de ser un escenario de conflicto para convertirse, poco a poco, en un espacio de encuentro.
6. Recuperarse también es volver a encontrarse
Una adicción puede ocupar durante mucho tiempo un espacio enorme en la vida de una persona y de quienes la rodean y la recuperación permite ir construyendo algo diferente.
- Reconocer lo que siento.
- Ponerle palabras.
- Pedir ayuda cuando la necesito.
- Escuchar.
- Asumir responsabilidades.
- Volver a confiar y permitir que los demás recuperen también su confianza a su propio ritmo.
Todo esto no ocurre de un día para otro, pero cada conversación auténtica, cada emoción que puede reconocerse y cada dificultad que deja de esconderse pueden convertirse en pequeños pasos hacia una forma diferente de vivir, porque recuperarse no significa únicamente dejar atrás el consumo, también significa aprender a relacionarse de nuevo con uno mismo y con los demás.
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