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Muchas personas creen que una recaída ocurre cuando alguien consume una droga, sin embargo, el consumo es solo el último eslabón de una cadena que suele comenzar mucho antes.

Imagina que estás en la cima de una montaña con una pequeña bola de nieve en la mano. Al principio aparece un ESTÍMULO. Puede ser cualquier cosa: pasar por un lugar donde consumías, escuchar una canción, ver a una persona, sentir estrés, aburrimiento, enfado o incluso celebrar algo positivo. La bola de nieve todavía es pequeña. Ese estímulo activa un PENSAMIENTO.

«Qué bien me sentía cuando consumía.»
«Con una vez no pasaría nada.»
«Necesito desconectar.»

El pensamiento, a su vez, despierta un RECUERDO. Y aquí aparece una de las trampas más importantes de la adicción: la memoria selectiva. La mente suele recordar los momentos agradables del consumo y deja en segundo plano las consecuencias negativas, los problemas familiares, económicos, laborales o de salud. Cuando el recuerdo se mantiene, surge el DESEO.

Todavía no hay consumo. Solo aparece una sensación de apetencia o curiosidad. Es como si la bola empezara a rodar lentamente por la pendiente. Si en ese momento no se detiene el proceso, aparece la JUSTIFICACIÓN. La mente empieza a fabricar argumentos aparentemente razonables:

«Me lo merezco.»
«Estoy pasando una mala época.»
«Solo será esta vez.»
«Yo controlo.»
«Nadie tiene por qué enterarse.»

Estas explicaciones no buscan la verdad; buscan permiso para seguir avanzando. Después llega una fase especialmente peligrosa: RECREARSE. La persona empieza a fantasear con el consumo. Imagina cómo sería, recuerda sensaciones, sabores, olores, lugares o personas relacionadas con la droga. Es como si alimentara la bola de nieve mientras baja por la montaña. Cuanto más tiempo se permanece en esta fase, más fuerza gana el proceso.

Posteriormente aparece el MOVIMIENTO HACIA EL HÁBITO TÓXICO. La persona empieza a acercarse física o mentalmente a situaciones de riesgo: llamar a determinadas personas, pasar por ciertos lugares, buscar dinero, quedarse sola, entrar en redes sociales relacionadas o ponerse en contextos donde antes consumía. En este punto ya no está simplemente pensando. Está acercándose activamente al comportamiento adictivo.

Finalmente aparece el IMPULSO. La bola de nieve ya se ha convertido en una avalancha. La tensión interna es muy intensa y la sensación subjetiva es que consumir es la única manera de aliviarla. Muchas personas creen que han recaído por falta de fuerza de voluntad en este último momento, pero en realidad la recaída comenzó mucho antes, cuando la bola era todavía pequeña.

La buena noticia es que cuanto antes se detecte la cadena, más fácil es detenerla. Es mucho más sencillo actuar sobre el estímulo, el pensamiento o el recuerdo que intentar frenar la avalancha cuando ya está descendiendo montaña abajo. Por eso, la prevención de recaídas consiste en aprender a identificar cada uno de estos pasos y cortar la secuencia lo antes posible:

ESTÍMULO → PENSAMIENTO → RECUERDO → DESEO → JUSTIFICACIÓN → RECREARSE → ACERCAMIENTO AL HÁBITO → IMPULSO → CONSUMO

 

La recaída no suele ser un acontecimiento repentino. Es un proceso. Y todo proceso puede interrumpirse si se detecta a tiempo.

 

 

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