Hay actitudes que, sin darnos cuenta, condicionan nuestro día a día y nos alejan de nuestros propias metas, deseos y equilibrio emocional. En personas con adicciones suelen aparecer con mucha fuerza, pero cualquiera puede caer en ellas. La buena noticia: identificarlas es el primer paso para cambiarlas. Piensa en ellas como “semáforos emocionales” que te avisan de por dónde no conviene seguir. Hoy vamos a ponerles nombre a una de ellas, la «DEJADEZ», ver cómo se manifiesta y, sobre todo, cómo practicar su «antídoto» en la vida cotidiana.
Dejadez: desorganización, improvisación y aburrimiento que “anestesia”
La dejadez no es que seas “vago”: es falta de “estructura”. Cuando no hay plan, te dirige lo que “apetece”, y lo que apetece suele ser lo que nos entretiene y da satisfacción de forma inmediata. La improvisación continua desgasta y abre la puerta al aburrimiento crónico, que muchas veces confundimos con “no me apetece nada”, cuando en realidad es falta de rumbo.
¿Cómo se nota?:
- Irregularidad en tareas y horarios: hoy sí, mañana no.
- Necesitas que te recuerden cosas una y otra vez.
- Te dejas llevar por el móvil, la televisión o lo que surja.
- Te cuesta valorar pequeñas iniciativas: si no es “el plan perfecto”, no lo haces.
Antídoto práctico: responsabilidad y organización amable.
- Agenda terapéutica mínima (15 minutos).
- Mañana: una tarea del hogar concreta.
- Tarde: movimiento (paseo de 15-20 min).
- Noche: preparar “el yo de mañana” (ropa lista, ocio a realizar, tarea programada por la terapia, actividad a compartir con familiares, etc.).
- Regla: mejor poco cada día que mucho un día y nada tres.
- Conversación con el familiar: “¿Qué dos tareas te cansa tener que recordarme? Voy a asumirlos con alarma propia”.
Frase ancla: “El orden es cariño al futuro”.
Cómo usar todo esto sin «agobios»: una hoja de ruta simple
Establece varios objetivos con ayuda de tu terapeuta y aplica su antídoto durante 7 días.
Semana 1: Organización (antídoto de dejadez)
- Mantén la agenda mínima 15 minutos al día.
- Misma hora para varias tareas concretas.
Y luego repite el ciclo. Si recaes en la “dejadez”, no lo vivas como fracaso: es información. Vuelve al antídoto y reduce el objetivo hasta que sea inevitable cumplirlo. «La constancia compasiva vence a la intensidad impulsiva»
Trabajo en familia: espejo y equipo
- Pide a un familiar que puntúe del 0 al 10 y compáralo con tu autovaloración. No es para discutir: es para ajustar tu «mapa de activación conductual»
- Concreta dos recordatorios que asumirás tú, y dos gestos de bienestar que harás esta semana.
- Agradece explícitamente las señales que te den y acuerda una palabra clave para avisarte sin reproches (“semáforo rojo”).
Señales de que vas por buen camino
- Hablas menos de “saber” y más de “hacer”.
- Tu semana tiene pequeñas rutinas estables.
- Te sorprendes reconociendo avances sin restarles valor.
- Tus vínculos se sienten más cálidos y presentes.
En resumen: la «Dejadez» es una «corriente» que te arrastrará. No necesitas vencer al mar; necesitas una «tabla» y una dirección. La organización es una «tabla». Sube, da una brazada cada día y verás cómo la orilla se acerca. Si hoy eliges una sola acción, que sea ésta: escribe tu acción mínima de 15 minutos para mañana y dile a alguien de confianza cuál será. Cuando llegue la hora, hazla, aunque no te apetezca. Esa pequeña victoria te acercará al desarrollo de una vida plena.
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